miércoles 4 de noviembre de 2009

Kon ka de ruido



Hace un par de días, tuvieron que cerrar una calle del centro de la capital de esta isla -considerada por algunos el ombligo del universo- porque caían cascotes de la fachada de un edificio. La prensa local informaba hoy del malestar de los comerciantes de la zona -bajo el efectista y manido titular “El pulso de la calle”-, porque han estado a dos velas y sin ingresar un euro durante el tiempo que ha durado el corte. En realidad, eso a mí me da lo mismo. Lo que me llama verdaderamente la atención son los nombres de los locales afectados por el asunto. Entre los cuatro entrevistados (menudo pulso que le han tomado a la calle, por cierto), estaban la dependienta de la boutique "Lakra" y la de la peluquería “Caprikornio”. Esta kakofonía producida por tanta "k" innecesaria se me fue klavando en las pupilas mientas leía, komo kristales rotos y kortantes kuchillos. ¿Qué somos ahora?, ¿punkis?
Juro que nunca entenderé estas modas, esta manía de la gente hacerse la moderna o la ingeniosa poniendo a sus negocios nombres impronunciables, suma de las iniciales de todos sus hijos, nietos y sobrinos; o cosas como “5mentarios”, cuya gracia sería captada, en todo caso, por la seseante población isleña porque, el pobre que sí pronuncie la "c", estará todavía delante del cartel pescando fulas (expresión muy de la tierra, ya que estamos).

Lo mismo me estoy poniendo un poco radikal y tampoco es para tanto, pero es un efecto secundario de tanta letra agresiva y picona, de tanto ruido como hay. Un par de semanas atrás, escuché un espacio radiofónico dedicado a la bossa nova en el que la locutora se congratulaba de poder disfrutar de una música tan suave y sin estridencias, en un tiempo en el que todo el mundo se ha empeñado en pegar gritos. Aunque no lo dijo específicamente, por mi cabeza pasaron, uno tras otro, todos los chillones engominados salidos de Operación Triunfo. De verdad, qué necesidad hay de agredir, de molestar de esa manera; y cuántas formas -que aparentemente no lo son- hay de hacerlo.
Igual no será suficiente con que una pida, así, bajito, un poquitito de calma. Unos gracias y unos por favores de vez en cuando, y unas cuantas menos de pitas sonando histéricas por la calle, cuando ni tiempo ha dado de que te llegue al cerebro la orden de pisar el acelerador porque ha cambiado el semáforo. Tal vez si lo digo en su idioma sea más fácil hacerme entender. Probaremos, aunque pinche: ¡kállense ya, karajo!.

(Música: Joaquín Sabina, "Ruido", de Pedro Guerra)

2 comentarios:

si, bwana dijo...

Me hacen gracia los nombres de esos locales. Recuerdo a un fulano que montó una peluquería frente a la Barbería "El corte fino", que llevaba años en el pueblo. Encima la bautizó "Peluquería Sumatra", lo que terminó de exaltar al dueño de la barbería que, a los tres días, le había cambiado el nombre por "Barbería Lasutra".
Kosas ke akontecen.

Reinadelmango dijo...

Tiene usted historias para contar que no salen en los papeles, ¿eh?

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