Anoche te vi en mi sueño. No eras exactamente tú, pero lo eras. A ratos tenías el pelo más largo y más rubio, como decolorado cutremente en el lavabo con un bote de agua oxigenada. Y, a ratos, cuando reías, te asomaba una especie de implante extraño en un diente que, más que un empaste o un puente, parecía un micrófono o una diminuta cámara de espía con pocos recursos, en absoluto discreta, ridícula.
A ratos eras un amor de mi pasado y, a ratos, un chico que sale en una serie de televisión. A ratos te deseaba profundamente y, a ratos, me dabas grima.
Por eso, ni durante el transcurso del sueño, ni tampoco esta mañana, cuando me levanté; ni mientras me lavaba la cara y preparaba el café, ni cuando me despedía de la perra haciéndole cosquillas con el pie en la panza; ni mientras arrancaba el coche como una sonámbula y me paraba a repostar, antes de entrar en la autopista, supe que había soñado contigo. Porque no eras exactamente tú.
Fue cuando nos cruzamos en la entrada de la oficina, cuando me di cuenta. Yo subía del garaje, tú venías de la calle, de fumar. Se me revolvió en el vientre una mezcla loca de ganas de devorarte los labios y de llevarte por una oreja al dentista; de acariciarte el cráneo rapado pinchándome las palmas de las manos y de echarte la bronca por teñirte el pelo sin el consejo de un profesional. Entonces, hiciste algo que nunca haces: me miraste directamente a los ojos unos segundos y me diste los buenos días llamándome por mi nombre.
En un instante, la certeza adquirió en mi mente tu forma exacta, tu voz y tu manera de exhalar el humo por delante de los cristales de tus gafas, y ya no tuve ninguna duda. No sólo eras tú el de mi sueño, sino que también habías soñado conmigo.
(Música: The Police, "Every breath you take")



2 comentarios:
La idea de devorar los labios me parece muy sugerente, aunque lo de ir después al dentista me resulta algo anafrodisíaco.
Completamente anafrodisíaco, pero no podía sacarme el implante aquel de la cabeza, tenía usted que haberlo visto. Lo malo de los sueños es que nunca se puede llegar a explicar lo que se ve en ellos, lo que se siente, con la suficiente precisión. Y lo bueno, también. Supongo que por eso son sueños...
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