Cuando estábamos juntos, en las pocas ocasiones en que compartimos un cine (porque sobre el particular teníamos criterios bastante dispares), yo siempre imponía mi autoridad (como en la mayoría de las cosas, pobre mío) y terminábamos viendo algo argentino, o serbocroata con subtítulos en japonés, que a él, lógicamente, le aburría bastante (probablemente a mí también, pero lo disimulaba porque una tiene su orgullo). El caso es que, cuando supe de su entusiasmo por un filme de esas características y me lo imaginé soltando unas tiernas lagrimitas finales al visionado de la presente, sólo pude pensar:
a) éste no es mi ex, que me lo han cambiado;
b) ha conocido a otra, han ido al cine juntos y, en ese estado de ingravidez que proporciona el amor recién estrenado, la película le ha parecido deliciosa.
a) éste no es mi ex, que me lo han cambiado;
b) ha conocido a otra, han ido al cine juntos y, en ese estado de ingravidez que proporciona el amor recién estrenado, la película le ha parecido deliciosa.
Ese pensamiento me produjo bienestar y aflicción a partes iguales. Últimamente me he estado acordando muchísimo de él. Sé que se debe, fundamentalmente, a que a menudo me siento muy sola y a mi problema de invisibilidad, claro. Y me apetece llamarlo porque, durante los últimos casi diez años de mi existencia, ha sido la persona que con más claridad me ha visto, y echo de menos que las pulipas brillantes de otro me devuelvan mi reflejo, saber que siempre existo para alguién más.
Luego pienso en que, si ronda tanto por mi cabeza, es, precisamente, porque ya no da señales nunca, porque ya habrá dejado de verme, y esa es, en verdad, una gran señal. Señal de que está a sus cosas, de que se ha soltado de mí. Es como que tiene que ser. Y me jode un poquito. Entonces vuelvo a sentirme sola e insignificante para el género humano, en general, y para el masculino, en particular, y tengo de nuevo deseos de llamarlo y... Ay, dios.
En "Días de cine", definían al personaje que encarna Blanca Romero en "After", más o menos, como a una treintañera con una enfermiza necesidad de afecto difícilmente conciliable con sus constantes deseos de independencia. ¿Me conocerá el señor que escribe los guiones para ese programa? Porque ésa soy yo. No tengo el cuerpo de Blanca Romero pero, por lo demás, podría haber sido su doble si se hubiese roto una pierna; lo habría bordado. Necesito tanto de la aprobación de los demás, tanto que me quieran, que me perdonen, que me consideren. Y, al mismo tiempo, soy tan experta en abandonar, en querer hacerlo todo yo sola...
Razonándolo un poco, resulta bastante más probable que mi ex se haya descargado la peli en su ordenador (espero que Ramoncín no sea seguidor de este blog) y que la haya visto solo en su casa. De todos modos, quién sabe si se habrá enamorado realmente -porque, qué tendrá que ver eso con Meryl Streep- y qué bueno sería, lo digo en serio. Lo que me asombra es esta inmensa facilidad mía para enredarme en mis propios pensamientos, para dar vueltas sobre mi propio eje, como una peonza paranoica, obstinada en su reiteración. Además, ahora que el pilates empieza a mostrar sus interesantes resultados, pronto no encontraré ninguna dificultad en enroscarme y morderme la cola, como una pescadilla viciosa.
Debo de tener por ahí una palanquita que ponga on/off, seguramente en la espalda, porque yo no me la encuentro. Por favor, que alguien se compadezca de mí y me apague.
(Música: Olga Román y Carmen París, "Me asomo")Debo de tener por ahí una palanquita que ponga on/off, seguramente en la espalda, porque yo no me la encuentro. Por favor, que alguien se compadezca de mí y me apague.



7 comentarios:
Para dejar de ser invisible, sólo hay que sacarse la capa de Luis Candelas, y mostrarse. Que no es fácil, que siendo un camaleón se está más protegido, etc. Te lo dice otra experta en escapismos. Vale la pena quedarse y que te abracen. Contigo, no es difícil. Porque aunque tú te emperres en que nadie te ve, eso se debe a que tienes las gafas mal graduadas, lo que no te das cuenta ;)
Si a ese señor le gusta Meryl Streep es que tiene el gusto en las nalgas, por lo que no ha perdido Vd. nada librándose de él.
Si el caso es quejarse, ya me conocen (o me van conociendo).
Oye, cuando te lo encuentren, que me miren a mí, ¿vale? Que yo tengo una escandalera dentro... y si no se puede apagar, por lo menos que le quiten el audio...
Ay, querida, me temo que somos de modelos diferentes. Contigo rompieron el molde y, luego, ya, nos hicieron a las demás en China.
y a ti quien te ha dao permiso para describirme a mi? a ver si te piensas que eres la única que necesita que la adoren y que la dejen en paz al mismo tiempo!. Yo pienso que pasar desapercibida para la mayoría del género masculino tiene muchas ventajas, muchísimas, tu prueba a ponerte como pa que te miren durante una temporada y verás como terminas hasta las narices de que te miren
Ay, pero es que ponerse para que a una la miren es tan incómodo, en realidad. Con lo chachis que están mis nuevos tenis de piel rojos, cómodos como guantes. Sólo de pensar en volver a los tacones... Yo prefiero quejarme mucho y seguir en vaqueros, ¿vale?
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