
La abuela de Queenpar tiene una frase sensacional que atesoro en mi cofrecito con la esperanza de toparme un día, por fin, con una buena razón para utilizarla. No creo que ella la inventara para usarla en los mismos términos en que yo me imagino pronunciándola. Tampoco conozco a la señora más que por fotos, pero sí a la nieta y sé que de casta le viene al galgo. Me basta con haber visto reproducida la calidad de esa piel tersa, nutrida, que ni los implacables aguijones del tiempo han sido capaces de agujerear; la firmeza de las manos, vigorosas y precisas a pesar de los años; la mirada tremenda cuyo gesto, entre severo y maternal, traspasa la cámara implacablemente sin necesidad de fruncir ningún ceño para reforzarse, para imaginar a los nietos corriendo atemorizados a esconderse después de haber hecho alguna trastada, al oír ese magnífico “ven aquí, que yo te digo cómo es”.
Insisto: confío en no tener que llegar a abuela para poder utilizarla, para empezar porque no veo nada claro (y, actualmente, poco factible) lo de los hijos; pero, sobre todo, porque fantaseo con dirigírsela con una intención, digamos, menos didáctica, a algún tipo, digamos, muy interesante (no sé si me estoy explicando). Se me ocurre, por ejemplo, el chico que ha llegado nuevo a la oficina (léase el bar del desayuno de los fines de semana) al que, por su aspecto y por esa forma en que arrrrrasssstrrrra sussssurrrrrrante las errrressss y las essssessss, hemos bautizado “el albano- kosovar”. Cansada como estoy de tantos sábados de meloso, fanfarrón e infructuoso acento argentino, esta adquisición ha resultado ser un verdadero estímulo para las hormonas de las que llegué a renegar hace apenas unos días, toda una "promesa del este", vamos. Me gustan los hombres con aspecto peligroso y confieso que, a la vista de sus brazos, a la luz de su sonrisa, me daría exactamente igual que en su tiempo libre se dedicara a desvalijar chalés, porque no veo la hora de acorralarlo en los lavabos y reproducir frente a él la sentencia fatal.
Definitivamente, la gente sabia es artífice de esas grandes frases susceptibles de ser empleadas en los momentos más trascendentes de la existencia, dejando una huella indeleble en el recuerdo (y una boca bien abierta en sus rostros) de los interlocutores. Me refiero a los “sabios de la vida” (a las abuelas y a los locos de los bancos de las plazas), no a los de las bibliotecas; aunque suene a topicazo, ellos son los verdaderos gurús, los auténticos filósofos. Como aquel portero de la Universidad Autónoma de México, en la que nuestro amigo J. trabajaba hasta hace algunos meses, que, al ser invitado por los muchachos a felicitar a uno que acababa de aprobar la tesis, respondió un incontestable “lo doctor no quita lo pendejo”.
Y, hablando de todo un poco, gran fiesta, por cierto, la pseudomexicana que J. y su chica celebraron, ahora que ya están de regreso, para inaugurar su flamante casa; gran invento el tequila con chiles macerados que, contra todo pronóstico, es capaz de despejar al más borracho del profundo aturdimiento de la curda y dejarlo como nuevo para volver a empezar; y gran concierto el que dio esa noche la inmensa Paquita la del Barrio, otra inigualable sentenciadora: quién como ella podría decir aquello de “¿me estás oyendo, inútil?”.
Insisto: confío en no tener que llegar a abuela para poder utilizarla, para empezar porque no veo nada claro (y, actualmente, poco factible) lo de los hijos; pero, sobre todo, porque fantaseo con dirigírsela con una intención, digamos, menos didáctica, a algún tipo, digamos, muy interesante (no sé si me estoy explicando). Se me ocurre, por ejemplo, el chico que ha llegado nuevo a la oficina (léase el bar del desayuno de los fines de semana) al que, por su aspecto y por esa forma en que arrrrrasssstrrrra sussssurrrrrrante las errrressss y las essssessss, hemos bautizado “el albano- kosovar”. Cansada como estoy de tantos sábados de meloso, fanfarrón e infructuoso acento argentino, esta adquisición ha resultado ser un verdadero estímulo para las hormonas de las que llegué a renegar hace apenas unos días, toda una "promesa del este", vamos. Me gustan los hombres con aspecto peligroso y confieso que, a la vista de sus brazos, a la luz de su sonrisa, me daría exactamente igual que en su tiempo libre se dedicara a desvalijar chalés, porque no veo la hora de acorralarlo en los lavabos y reproducir frente a él la sentencia fatal.
Definitivamente, la gente sabia es artífice de esas grandes frases susceptibles de ser empleadas en los momentos más trascendentes de la existencia, dejando una huella indeleble en el recuerdo (y una boca bien abierta en sus rostros) de los interlocutores. Me refiero a los “sabios de la vida” (a las abuelas y a los locos de los bancos de las plazas), no a los de las bibliotecas; aunque suene a topicazo, ellos son los verdaderos gurús, los auténticos filósofos. Como aquel portero de la Universidad Autónoma de México, en la que nuestro amigo J. trabajaba hasta hace algunos meses, que, al ser invitado por los muchachos a felicitar a uno que acababa de aprobar la tesis, respondió un incontestable “lo doctor no quita lo pendejo”.
Y, hablando de todo un poco, gran fiesta, por cierto, la pseudomexicana que J. y su chica celebraron, ahora que ya están de regreso, para inaugurar su flamante casa; gran invento el tequila con chiles macerados que, contra todo pronóstico, es capaz de despejar al más borracho del profundo aturdimiento de la curda y dejarlo como nuevo para volver a empezar; y gran concierto el que dio esa noche la inmensa Paquita la del Barrio, otra inigualable sentenciadora: quién como ella podría decir aquello de “¿me estás oyendo, inútil?”.
(Música: Paquita la del Barrio, "Rata de dos patas")


9 comentarios:
Me ha reoordado a un médico amigo al que, recien llegado a Mexioo, le preguntó un "bolero": "¿Limpia, doctor?"
Mi amigo aceptó, preguntándole, intrigado: ¿Cómo ha sabido que soy médico?
"Es que aquí llamamos doctor a cualquier pendejo", contestó muy serio el "bolero".
(bolero=limpiabotas)
México es, por lo que se ve, país de doctores y filósofos.
Mi abuela te iba a encantar. A ratos, como la nieta, claro...
A mí la nieta me encanta todo el rato, hasta cuando no hay quién la soporte :-)
pues si, es verdad que la nieta hasta cuando esta enfadada y de mala leche está encantadora. Me parece que también yo me voy a quedar la frase guardada para la ocasión.
La abue de Cuinpar va a forrarse con los royalties esos. Oye, si estás pensando usarla con el kosovar, yo lo vi primero (tan primero que pensé que me lo estaba imaginando). El Puma, todo para ustedes.
Dice abue que los royaltis esos que me los vayan dando a mí, que yo se los guardo. Arránquense ustedes las greñas por el albanokosovar ese. A mí denme la pasta.
a mi El Puma ese tampoco eh? aunque eso de que te repita todo varias veces puede estar bien...
¡Ya lo creo! :-D
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