Luego, la periodista se interesó por el uso del blanco y negro, sobre si lo prefería porque le parecía más dramático, más profundo. Ella contestó que, en realidad, era una gran amante del color. Que se había formado en una escuela de Bellas Artes, entre litros de pintura, rodeada de colores, y que siempre se vestía de color, preferentemente de rojo que, junto con el blanco, le parecía el más puro. Entonces, la entrevistadora le habló de un estudio que había leído en el que, al ser preguntados unos cuantos señores sobre qué era lo que más les llamaba la atención en una mujer, buena parte de ellos había coincidido: “que lleve puesto algo rojo”. Y debe de ser verdad porque, esa misma tarde, mientras paseaba con Juno, nos cruzamos con una chica que caminaba distraídamente de un lado al otro de la acera hablando por el móvil; su ropa era toda negra, pero calzaba unos impresionantes tacones escarlatas. A su lado había un muchacho -sudado y con atuendo deportivo, como si acabara de jugar un partido- que le miraba embelesado a los zapatos, mientras se pasaba lentamente la lengua por las comisuras de la boca. No sé si lo que estaba pasando por su cabeza en ese momento tenía que ver directamente con aquella chica o con aquellos tacones, pero lo cierto es que parecía un pensamiento suculento y que, mientras lo tenía, no podía dejar de contemplarlos.
La entrevistadora insistió: “pero, en el blanco y negro, el rojo se pierde”; y la fotógrafa la corrigió, dulce pero tajante, una vez más: “el rojo no se pierde nunca”.
Me ha apetecido contar esto porque ayer, mientras escuchaba la radio y, después, mientras lo recordaba paseando con la perra, me di cuenta de que iba vestida de blanco y negro, y de que llevaba mis zapatos rojos. Últimamente tengo siempre la sensación de que todo en mi vida son señales, concatenaciones misteriosas de los sueños con la vigilia, de lo que leo con lo que me dicen, de las fotos de la prensa con los rostros que se me cruzan por los pasillos, como si, desde algún lugar remoto y desconocido, alguien estuviera tratando de hacerme llegar un mensaje. Claro que puede que sea sólo que necesito encontrar sentido, razones, y por eso percibo todas esas cosas: porque estoy receptiva, predispuesta. El caso es que, desde hace algún tiempo, me pasa también que tengo ganas de aprender a hacer fotos.
(Música: Gilberto Gil, "Nega (Photograph blues)"



4 comentarios:
yo te presto mi cámara, si tú me dices cómo se cuelga el goear en el blog. Uf. Por cierto, la vida manda señales sólo a los que saben verlas. Tú sabes que yo voy por la calle recogiendo todo lo que pillo. Hoy me encontré una publicidad de una exposición que ponía Persona. me encantó.
Pues eso. Persona.
(Lo del goear te lo explico luego, junto con lo de cómo llegar al sitio ese...)
Le veo una explicación muy fácil al atractivo del color rojo: es por que nos recuerda a la carne. De allí viene lo de pintarse los lábios con carmín.El muchacho seguramente estaría admirando las pantorrillas de la señorita, a menos que se tratara de un fetichista.
Yo voto por el fetichismo, tenía usted que haber visto los tacones, qué impresión. Con eso se vuelve fetichista hasta el más impasible.
(Me encanta el rojo, ñam).
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