miércoles 28 de octubre de 2009

Penélope en la oficina



Tú no lo sabes pero, cuando parece que no te miro porque leo en la pantalla, en realidad, sí que lo hago. A través de la diáfana mampara del despacho, te voy tomando medidas. Tricoto pacientemente un olor para tu cuello, un sabor para tu lengua y una forma de tocarme.

De pronto suena el teléfono, llega la jefa, entra un correo. Yo tiro rauda del hilo y desbarato toda la labor, sin pena. Prefiero empezarte cada vez para que no te termines nunca.

Y así me paso los días. Tejiendo y destejiendo mis ganas.

(Música: La cabra mecánica, "Como Penélope en la estación del AVE")

5 comentarios:

María dijo...

Qué me gustó, Reina-Víbora-Cantora, qué bien dicho y qué limpio y qué vivo.

Reinadelmango dijo...

Gracias, flor de loto. Es que, si no, no hay quien madrugue...

Ornelia dijo...

Sí, hay que buscarse recompensas, por cualquier cosa. Como un entrenamiento animal.

si, bwana dijo...

Es una manera como cualquier otra de mantener la ilusión y, de paso, tener las manos ocupadas.

Laura dijo...

qué preciosidad...

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