viernes 2 de octubre de 2009

Concatenaciones (y II)

A las diez y media tenía listo el texto para la presentación de la jefa y lo enviaba para que me dieran el visto bueno. Desde las siete estaba sentada delante del ordenador, con los ojos como chernes. Como chernes secos, eso sí. Jareas de cherne (un buen nombre para un grupo, ahora que lo veo así, escrito). A la una llegaba la respuesta y el texto no estaba tan mal. No me lo podía creer. La asesora de la jefa en cuestiones de marketing y publicidad es una especie de Pocahontas en menudito, con el cabello negro hasta el culo, y la sonrisa juguetona y pícara de una niña pequeña, cuando está de buenas; gran amante de los perros, como una servidora. Pero peor que Enrique VIII cuando se trata de hacer comentarios y corregir cosas: no deja títere con cabeza. Me sentí útil y hasta un poco lista, después de todo. Y pasé la presentación para que se encargaran de ponerla bonita, con sus fotos de cabras y quesos.

Sin noticias de M. Es pronto, es pronto.

A la una y media, revolución en la empresa, “…pues alguien tiene que ir a Las Palmas en busca de esta firma, no podemos esperar a mañana”. “Cuando dices ‘alguien tiene’, ¿quieres decir ‘alguien TIENES que ir a Las Palmas’?”. Pues sí, eso mismo quería decir. Billete para las cinco, regreso para las ocho. Son casi las cuatro y la presentación no está terminada. “No podemos enviársela por correo, pesa demasiado. Vas a tener que esperar para llevársela en un pen”. Hoy tampoco tocará comer, por lo que parece.

Mensaje para Queenpar mientras espero, desesperando: “¿se sabe algo de M.?”. “Negativo”.

Sin tiempo para pasar por casa. Pero yo no vuelo sin mis pastillas. Tengo que llevarlas en el bolso, por lo menos. Son como el amuleto para el supersticioso o el crucifijo para el creyente. Soy una ex fóbica y (quien lo ha sido, lo sabe) eso es casi lo mismo que decir una ex alcohólica o una ex drogadicta: como te arriesgues a probarlo otra vez, la has cagado. Corriendo al aeropuerto (sin almorzar, pero con drogas), para llegar a la misma ciudad donde M. debe haber salido ya de su operación y no poder verla.

No hay noticias, nadie sabe nada.

La jefa está agotada pero contenta. Las cosas están saliendo bien, ningún queso derretido (al menos, ninguno que no debiera estarlo). Tomamos un café mientras observo con compasión sus ojeras, profundas como surcos para plantar papas (ya que estamos con las comparaciones agrícolas y pesqueras, tan de mi gremio accidental). Ella tiene que volver rápidamente a lo suyo. Yo tengo que aguardar al taxista que quedó en recogerme justo enfrente de “La Regenta”. Hay una nueva exposición de Alexis W y no puedo entrar a visitarla porque el avión de vuelta, lleno de ejecutivos agresivos, no esperará por ninguna aspirante a amante del arte disfrazada de secretaria.

Mensaje para M., ya no puedo más. Amigas convalecientes, viajes que no disfrutaré, exposiciones que nunca veré… Qué clase de día de torturas es éste.

Entonces, en el taxi, una llamada inesperada del redactor-jefe-fantasma de mi revista de ocio. Mi crítica de este mes le debe haber parecido un asco y va a no-despedirme porque no-me-paga. “Reina, mira, que he hablado con Alexis W, que ha leído lo que escribiste sobre su exposición en el TEA y le ha encantado y, bueno, para que sepas que le he dado tu número porque te quiere telefonear”.

M. no ha contestado. Pero Alexis W me quiere llamar porque le ha gustado lo que digo sobre su obra. Estoy medio contenta, medio asustada. La cosa mejora un poco.

Aterrizaje. Busco el coche en el parquin y, milagrosamente, lo encuentro a la primera. A las nueve estoy en casa. Paseo con Juno (que lleva todo el día sola, metida en casa, la pobrecita).

Llamada a Queenpar, “¿sabemos algo?”, “no, y mira que no habérsenos ocurrido pedirle el número de su chico, para poder preguntar…”. Ella lo dice mejor que yo. Esto es aguantar la respiración debajo del agua, una hora tras otra.

De pronto, mensaje de número desconocido. Será Alexis W... No. ¡No!, ¡mucho mejor!, ¡es el chico de M.! “Todo ha salido bien, un poco más largo de lo esperado porque hasta para eso es marciana, la niña, pero los ganglios de alrededor no están afectados y…”.

“Todo ha salido bien” y “ganglios no afectados”. “Bien” y “no afectados”. No puedo retener nada más, no puedo pensar en otra cosa. Llamo corriendo a Queenpar, "¡¿leíste el mensaje?!". A ella le ha entrado hasta hambre. Yo me desinflo, por fin. Por fin lloro.

3 comentarios:

Reinadelmango dijo...

El vídeo es una cursilada absoluta. Bueno, lo mismo la canción también, pero a mí me encanta y me transporta a días de desinflarse y llorar, como éste que cuento. ¿Por qué no será más sencillo encontrar al señor cantante, cantando, en lugar de esas imágenes de anuncio de compresas en blanco y negro...?

aversimeentiendo dijo...

Por un buen final como ése se aguanta todo lo demás, y con gusto.
¿Eso fue el viernes?
El sábado operaban a la mujer del único cliente con el que me llevo bien, cáncer de pecho extendido, luego le espera quimio agresiva, y yo buscando palabras donde, lógicamente, no las hay.

Reinadelmango dijo...

Es que esto de tener tetas, en realidad, no es del todo buena idea...

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