Hay lugares que palpitan en colectivo, que respiran con la conciencia del todo, que marchan al ritmo del zumbido de la colmena, de la canción del hormiguero. La ciudad en la que vivo es pequeña, no tanto por su tamaño como por su manera de funcionar. Si bien la periferia ha ido expandiéndose hasta confundirse con las poblaciones cercanas, por las viejas arterias empedradas fluye hasta su corazón, que nunca creció, la savia del pueblo que una vez fue. Aquí uno no se libra jamás de ser un conocido, de comportarse como si conociera a los demás. Siempre hay quien te saluda aunque sea con los párpados; siempre hay alguien que sabe de quién eres, con quién vives. Hay gente que se agobia con eso y, sin embargo, a mí me resulta tranquilizador pensar que el día que me arroje a las calles como una enferma, en medio de una crisis existencial, de una amnesia galopante, cualquiera podrá sujetarme y recordarme quién soy.
El domingo por la tarde me crucé con una pareja a la que hacía mucho que no me encontraba. Son un poco mayores que yo, aunque no demasiado, y en realidad no los conozco, pero llevo viéndolos juntos desde mi época del instituto, así que les calculo unos veinte años de relación. Ahora tienen un bebé, claro.
No deja de sorprenderme que personas más o menos de mi generación hayan mantenido la misma historia durante tantísimo tiempo. Entonces pienso en cómo nos verían a mi ex y a mí después de casi diez años; en que seguro que había alguien que alucinaba, como yo, y decía: “mira a éstos dos, llevan saliendo toda la vida”. Y, aunque no fue para tanto, lo cierto es que duró como un tercio de la mía, que se dice pronto.
A pesar de que estoy bastante segura (“lo estás, Reina, lo estás”, ulula el viento por las esquinas) de haber tomado la decisión correcta, de haber hecho lo más coherente con mis sentimientos y lo más honesto con los suyos, no puedo evitar que me dé una punzadita de dolor al mirar a los matrimonios octogenarios que todavía se pasean cogidos de la mano; pensar que las doñas de cabello violeta que habitan las ventanas de este microcosmos no volverán a hacerse cruces a nuestro paso.
El domingo por la tarde me crucé con una pareja a la que hacía mucho que no me encontraba. Son un poco mayores que yo, aunque no demasiado, y en realidad no los conozco, pero llevo viéndolos juntos desde mi época del instituto, así que les calculo unos veinte años de relación. Ahora tienen un bebé, claro.
No deja de sorprenderme que personas más o menos de mi generación hayan mantenido la misma historia durante tantísimo tiempo. Entonces pienso en cómo nos verían a mi ex y a mí después de casi diez años; en que seguro que había alguien que alucinaba, como yo, y decía: “mira a éstos dos, llevan saliendo toda la vida”. Y, aunque no fue para tanto, lo cierto es que duró como un tercio de la mía, que se dice pronto.
A pesar de que estoy bastante segura (“lo estás, Reina, lo estás”, ulula el viento por las esquinas) de haber tomado la decisión correcta, de haber hecho lo más coherente con mis sentimientos y lo más honesto con los suyos, no puedo evitar que me dé una punzadita de dolor al mirar a los matrimonios octogenarios que todavía se pasean cogidos de la mano; pensar que las doñas de cabello violeta que habitan las ventanas de este microcosmos no volverán a hacerse cruces a nuestro paso.
(Música: Paulinho Moska, "As vitrines", de Chico Buarque)


17 comentarios:
A saber la de broncas que esas parejas habrán protagonizado tras 60 años juntos. Indiferencias, desprecios, celos...eso en la balanza mala. En la buena, un apoyo, amor , familia...etc.
¿Eran otros tiempos?
De todas maneras, querida,con pareja o sin, a los 80 te puedes teñir el pelo de violeta y quedamos para ir a cotillear a la plaza.
Bueno, bueno.. habría que ver a mucho matrimonio octogenario con treinta años del siglo veintiuno. Como cuadro costumbrista vale, pero no para comparar, y menos para punzadas de dolor, no no no.
(Ha sido leer Rumores y aparecer Rafaela Carrá en mi cabeza, qué cruz!)
Jorl! Yo pensé que ibas a poner a la Carrá como banda sonora de este post... Qué decepción...
Ornelia, y si no me tiño el pelo de violeta no podré ir a cotillear con ustedes? Jo.
Son todos unos cortalotes, no la dejan a una autoflagelarse en paz...
Lo de la Carrá quedará para otro post, ya con el Machín del lunes me había puesto lo bastante rancia. Claro, que hay las que proponen que vayamos a ver a Raphael, no sé si ha llegado YA la hora de teñirse de violeta...
¿Cortalotes? No conocer yo esa expresión, la RAE desconocer también..
Aparte del cursillo de buen humor matutino, estás necesitando uno de canario-españolRAE urgentemente. Te apunto.
Exijo ipsofactamente una disculpa pública hacia Raphael, que es el más grande del hemisferio norte. Qué atrevida es la ignorancia, carajo!
Ovni, pasando de la rubia, que no está hecha la miel para los tintes de amoniaco. ¿Te apuntas?
Y tú, arpía, te vas a arrepentir!!!
Yo me apunto, pero sólo si me peinan como a raphael. Por cierto, cada día él y paul mccarney y se parecen más.
Menudo ES-CÁN-DA-LO. Yo sólo he sugerido que a Raphael se le escucha mucho mejor con el pelo violeta, que es un color acústico- estimulador donde los haya. Y tú, no te metas con Paul McCartney que la tenemos... (aquí sólo falta un reputado comunicador moderando).
Prestigiosos comunicadores son precisamente lo que sobran, querida (ahora vendrá La Otra a mandarnos al carajo y a llamarnos zorras, brujas y qué sé yo)
Y Paul McCartney es un pringado que, si hay justicia en el mundo este, debería morir antes que Ringo, por lo menos...
Ovni, el día diez de octubre tiene usted una cita:
http://www.goear.com/listen/3af8c7b/Mi-gran-noche-raphael
Qué feo... utilizar mi blog para quedar con otra... Y lo de Paul era por generar polémica, a mí ese hombre con esa boca-pájaro... Ahora, ¡no te metas con los Beatles, que sé donde vives y tus hombres no me asustan! (aunque uno de ellos sea negro y muy alto).
Justo, justo por no meterme con los Beatles y por defenderlos y por su bien y todo, quiero que muera Paul antes que Ringo. porque no es justo que el chungo sea el último superviviente!!!
(Lo de quedar con otra... En fin... te juro que esto no es lo que parece ;-))
Aversi, "cortalotes" en castellano normativo sería, aproximativamente... eh... ¿aguafiestas?
Lamarde, eres una zorramala, y casi que me ahorro la tinta de desarrollar la idea.
Reina, lo de Raphael me lo voy a perder porque tengo, tachán, UNA-BODA-EN-BURGOS ese mismo día y no me puedo escapar.
Ovni, yo cuando sea vieja me propongo raparme el pelo al uno y teñírmelo, si no lo tengo completamente cano, de blanco neutrex, para poder decirle a la gente que vengo del futuro. Tú, como no ves la tele, no sabes que hay un anuncio de lejía en el que sale una pava que claramente va de tripi y que dice eso mismo. Estoy esperando el momento.
Aguafiestas, correcto.
He de decir que ha estado divertido, la dueña del blog afianzando su decisión de dar por terminada la relación y de repente salen la Carrá, Machín, Raphael y McCartney.
No hay quien se aburra aquí.
Merieich, y por qué vas a esperar a ser vieja para hacer eso del pelo y del futuro? ¿Por qué no lo haces ya? Verías las risas que nos íbamos a echar... Lo mismo hablarían de nosotras en La Noria y todo...
Porque las peluqueras no quieren hacérmelo. Porque dicen que se estropea mucho el pelo y es una barbaridad. Cuando tenga más de setenta años dará igual lo que piensen las peluqueras: podré obligarlas a punta de pistola y no me meterán en la cárcel porque seré demasiado mayor.
Está todo pensado, Lamarde.
Háztelo tú, bobita, seguro que el resultado es infinitamente más interesante.
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