jueves 10 de septiembre de 2009

La reina


Nunca voy a olvidar cómo nos conocimos. Era mi primer día en la escuela. Ella salía de su despacho (que iba a ser también el mío) y nos tropezamos en la puerta. No digo que ahora no esté guapísima con su oscura melena indomable, pero entonces llevaba el cabello muy, muy cortito. Siempre he tenido cierta envidia de las mujeres a las que eso les sienta tan bien. Yo he hecho varios intentos, pero mi pelo tiene una tendencia natural a la complejidad y el enrevesamiento (como casi todo en mí) que dificulta un poco el asunto, así que he acabado por desistir y dejar que la gravedad siga su curso, aunque lo siga despacio. Pero ella tiene esa piel de muñeca de porcelana, de señora antigua (como dice su madre); ese algo de la gente de buena familia. Y no me refiero a los apellidos, ni a los posibles… Me refiero a la gente que está hecha, como diría Benedetti, “de buena madera”. Gente con cabeza y con corazón. Con el pelo cortito tenía un estilazo. Estaba regia, no existe otra palabra.

Pues eso, encontronazo en la puerta del despacho y ella que me pregunta, con gesto digno de mujer indignada (la ceja convenientemente enarcada, advirtiéndome del terreno que piso; la vocecilla de Piolín, que no se pierdan nunca las formas): “¿te puedo ayudar en algo?”. Lo que se traducía en un “tú, ¿a dónde carajo crees que vas?”, sutil y educado, eso sí. Me gustó que me confundiera con una alumna. Al fin y al cabo, mi resistencia a ponerme tacones, mi empeño en calzar merceditas y en vestirme de colores inapropiados tendrá que valer, al menos, para que me quiten los años que casi siempre me echan de más.

Fue una suerte que nos tocara trabajar juntas, la verdad. Una de esas cosas buenas que tiene la vida, que donde podría juntarte con una compañera a la que le gustan el reggaetón, el punto de cruz y los libros de Paulo Coelho, resulta que te regala a una que escucha a Caetano y a Ruibal, que adora al doctor House, detesta las cucarachas y es capaz de pasarse una noche en vela para gestionar la crisis de claustrofobia de una perra gigante en un piso pequeño.
Recuerdo cómo miraba de reojo el fondo de pantalla de su ordenador (aquel morenazo en vaqueros, sentado en lo que mi imaginación recreaba como un palafito sobre las transparentes aguas de Hawai). Ella me había contado que tenía al “muchacho” fuera, así que era fácil pensar que se trataba de aquel exótico bombón, y maldecirla mil veces, farfullando por lo bajo “qué pedazo de novio tiene, la muy zorra”. Luego supe que era una foto de Jack Johnson y, sintiéndolo mucho por ella, me noté más conforme con la justicia divina y con su distribución, en general. Ahora que la conozco mejor, he de decir ningún tipo es lo bastante bueno para una mujer de su tamaño (y no lo digo, precisamente, porque sea alta).

Ella es la verdadera reina, qué les voy a contar. Le debo el nombre, no diré más. De no ser por sus lecciones magistrales de geografía (y por la curiosa forma que tenían sus alumnos de interpretarlas) yo habría acabado poniéndome algo cursi y horrible como “Campanilla” o “femmefatale”, y este blog sería rosa.
No siempre se puede estar regia, eso es cierto. A veces una tiene que llorar y dejar que se le estropee el rímel, porque la vida, como te hace un regalo, te da también sus buenos palos. Pero sé que pasarán los malos tiempos y regresarán aquellos en los que una peluca no sirva más que para lo que tiene que servir: disfrazarse de catgüoman intergaláctica en carnaval. Llegarán los días en que se derritan los polos y el nivel del mar suba hasta Salamanca, y sus gentes tendrán que volverse, por fuerza, simpáticas y agradables. Entonces, y sólo entonces, la práctica del lanzamiento de mangos no será considerada una absurda excentricidad y volveremos a reír a carcajadas, como cuando fuimos felices entre los volcanes.

(Música: Russian Red, "Girls just wanna have fun", de Cyndi Lauper"

11 comentarios:

Cuinpar dijo...

Yo las tengo a las dos. Y las quiero, carajo.

Cuinpar dijo...

(Mierda. Dije esto último en voz alta, verdad? Al carajo mi reputación)

María dijo...

(yo es que estoy hecha un flan de lágrimas, orgullo, agradecimiento y notas a pie de página, y quería recuperar las constantes y la ironía antes de decir nada, porque si no me voy a poner biográfica, en plan Chicas de Oro... "Tahíche, 2006, dos jóvenes y heroicas profesoras luchan, hombro con hombro...")

La Lupe dijo...

(bueno, eso, que cuando consiga bajar del nivel 700 en la escala Wagensberg de llantos, mocos y babas, vuelvo, con cualquiera de mis múltiples nombres... Y que muchas muchas gracias, Reina, por acordarte de todas esas cosas y no de otras, y por mirarme así)

Ornelia dijo...

No entiendo nada. Pero si se trata de una manifestación pública de buenos sentimientos fraternales, lo que se dice una ñoñería, me apunto, faltaba más...(con lo que yo he sido)
Amor para todas, queridas.

Reinadelmango dijo...

Sí, bueno, digamos que es una especie de "Tenemos una carta para ti" ( o como se llamara ese concurso o lo que fuera que tú no viste porque no tienes tele), para que la Lupe se nos reactive un poco y eso. Las hormonas, que son unas hijas de... (nuestras reputaciones, todas, a la papelera, queridas).

aversimeentiendo dijo...

¿Por qué se vuelve tan críptico al final?

Reinadelmango dijo...

Por cierto, Lupe, querida, lo de "Tahíche, 2006" y el resto, suena más al comienzo del "Equipo A" (me pido Murdock)

Reinadelmango dijo...

Aversi, eso tedrías que preguntárselo a los alumnos de la Escuela de Turismo de Lanzarote, que responden cosas como que Salamanca necesita costa para ser un lugar mejor en sus exámenes, y eso...

La Lupe dijo...

Hace unos años la Reina del Mango y yo trabajábamos juntas, dando clase en una escuela universitaria. Ella era la profesora de Historia del Arte; yo enseñaba Geografía a unas criaturas absurdamente adolescentes que defendían, por ejemplo, que Salamanca sería un destino turístico mucho, pero mucho mejor, si tuviese playa, porque la gente sería más abierta y más simpática; o que a los visitantes potenciales del Perú les encantarían unas fiestas patronales basadas en la fruta del mango, que está llena de posibilidades, no sólo gastronómicas, sino incluso lúdico-deportivas. Nos sentábamos a corregir en el despacho que compartíamos y nos moríamos de risa. "Sí, porque el lanzamiento de mangos merece ser disciplina olímpica", decía la Reina... Y esta historia está llena de chistes privados, y la Reina la escribe para subirme la moral. Es un taller de autoestima a lo bestia, y personalizado, y ustedes, por un día, se joden, dicho sea con amor.

Reinadelmango dijo...

Se puede decir con caracteres más grandes y en negrita. Más claro, no.

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