miércoles 23 de septiembre de 2009

Etiquetas


-Señora, ¿muerde?
La niña me tira insistentemente de la manga, mientras me mira con ojos ansiosos. Siento la tentación de contestarle que sí y de gruñirle enseñándole los dientes, eso por llamarme señora. Pero me gusta que los críos acaricien a la perra, en clara desobediencia a sus histéricas madres, que suelen brincar medio metro en la dirección opuesta mirándome horrorizadas, como si llevara un dragón de Komodo amarrado a la correa. Tiendo a desconfiar de la gente a la que no le gustan los animales, admito que tengo un prejuicio con eso. Pero, contra todo pronóstico, esta madre también se acerca a tocarla.
-¿Cómo se llama?– pregunta la niña.
-Juno– respondo.
- Juno…- reflexiona un instante-. Y, ¿es chica?
¡Bingo!, una muchacha lista (o amante de los mitos clásicos, que todo puede ser). La reacción general cuando digo el nombre de la perra suele ser un perplejo “¿Uno?”, o un titubeante “¿Junio?”, seguido de un dudoso e inseguro “hoooola, Juuuniooo, boniiitooo…”, mientras nos miran a ella y a mí, alternativamente, con cara de estar pensando: “esta mujer está loca, este perro no tiene pito”. Pues claro que no tiene, señora, Juno es un nombre de chica. Nosotras no tenemos la culpa de que eligiera ciencias puras en el instituto, con lo díver que era el latín.
Pero ésta es una niña intuitiva y se ha dado cuenta en seguida de que Juno tiene cara de hembrita.
-Pastor alemán, ¿verdad?– apunta la madre, orgullosa, como si se sintiera en desventaja frente a la nena por haber estado pensando, un segundo antes, que yo era la loca del perro sin pito; como si fuera la descubridora de la vacuna del sida, del remedio contra la malaria. Teniendo en cuenta la archiconocida fisonomía de esta raza –el monstruo asesino por excelencia de los letreros de “¡Cuidado! ¡Hay perro!”-, que todo el mundo sabe que Rex es un perro pastor alemán, que a Rex sólo le falta firmar autógrafos y que, cuando ven a mi perra, grandes y pequeños suelen exclamar “¡mira, un Rex!”, yo diría que hacer esa pregunta es parecido a cruzarse con Brad Pitt con un piano sobre la cabeza e interpelarle, “disculpe, ¿es usted el señor Pitt? Bonito sombrero, por cierto”.
Entonces recuerdo que esta madre no es como las demás, que ésta es una madre acariciadora de perros, así que me esfuerzo en ser agradable:
-Digamos que es una buena imitación, sí...

Qué obsesión con clasificarlo todo, con encasillarlo todo y etiquetarlo, como premisa previa para cualquier forma de comunicación y entendimiento (¿estudias o trabajas?, ¿te gustan los hombres o las mujeres?, ¿eres de izquierdas o de derechas?, ¿del Barça, quizás, o del Madrid?). Me acuerdo de mi amigo Quique que, harto de que le interrogasen en todos lados por la misteriosa raza de su modesta perrilla “mil leches”, respondió muy convencido a una desconcertada señora: “ es albano- kosovar”.
La próxima vez que alguien quiera saber el nombre, edad, sexo, raza, religión y estado civil de mi mascota, creo que contestaré que es un caniche transexual sometido a múltiples operaciones de cirugía estética; que, después del cambio de sexo, decidí mantenerle el nombre de macho para no olvidar nunca que hemos llegado hasta aquí tras un duro pasado de lucha por la búsqueda de su verdadera identidad y en pos de su autoafirmación; y que es de marca “Dolce & Jarana”, como los falsos bolsos que las cruceristas falsamente millonarias se traen del Gran Bazar de Estambul.

(Música: Calle 13 & Café Tacuba, "No hay nadie como tú")

4 comentarios:

aversimeentiendo dijo...

Luego dices de miedo, pobre señora, una pregunta inocente -que no deja de ser como hablar del tiempo en el ascensor- y la de collejas que se lleva :P
La respuesta de tu amigo Quique es buenísima.

Reinadelmango dijo...

Vas a comparar, al lado tuyo soy un inocente corderito, harto de la indiscreción humana, eso sí. Y Quique estuvo sembrado, es cierto.

Ornelia dijo...

Lo peor es la falta de pudor de las preguntas. Ya no a tu Juno, sino que si te descuidas te saca la vida propia...y luego las opiniones, que son como el culo , que todos tienen, pero no hace falta ir enseñando alegremente...

Reinadelmango dijo...

La insoportable curiosidad del ser (aunque bueno, la curiosidad es otra cosa, eso es juronería!!)

Publicar un comentario en la entrada